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 20/09/2004

 La unidad de la izquierda

Se habla mucho por estos días de la cuestión de la unidad de la izquierda... sobre su necesidad y el carácter sectario de las mismas: Ambas cosas son ciertas.

Lo que realmente me ha dejado perplejo es haberme enterado, que entre las militancias “de izquierda” en filo, ha nacido una nueva polémica, aunque esta vez excéntrica, afluente de la misma temática central: La UE, tan asamblearia y contestataria, resueltamente anti-verticalista y soberbiamente intransigente con los avatares de las urnas las listitas y escrutar, desentendida de las sumas y restas electoraleras de los partidos, poniendo el ojo en las variables correspondientes al nivel de interés e inclusión viva del estudiantado en la lucha, proponiéndole prepotentemente alternativas de inclusión, masificación, debate y lucha, al parecer es nicho y cobijo para el más rancio sectarismo y divisionismo de las “izquierdas” que se lamentan, en Filo, por nuestra inconsciente y despreocupada acción gremial cotidiana...

Al parecer, hemos sido declarados “campeones de la división” por no ver a la unidad en los tires y manejes palaciegos (o fotocopieros-gastronómicos) de los partidos, sino que en la articulación de lazos y medios de inclusión y elevación al papel de protagonistas, de las amplias capas inactivas del estudiantado.

No tienen importancia alguna las “agarradas de pelos” electorales con que se zarandea la izquierda toda, una vez por año, en nuestra facultad y la UBA (mientras la Franja gana la FUA); no sirve de nada criticar que mientras TODOS acudían ensimismados a “batirse” en franca lucha por el futuro del bar y fotocopiadoras de filo, tan angustiosa y solitariamente puestas en sorteo por las elecciones del CEFyL y hoy acompañadas por nuevos capitales como el del “comedor”1, hayamos señalado que POLICIALIZABAN -medida anti-constitucional de los progre Ibarra y Kirchner, sin hablar por supuesto de Laplagne y Echeverry- Ciudad Universitaria, construyéndole un destacamento policial adentro (mientras la Franja gana la FUA); no es importante que mientras Filmus-Kirchner, con el apaño del gobierno de la UBA que nada ha hecho al respecto, truenan con un autobombo que apunta a confundir lo que sucede en el escenario, tildando de “aumento presupuestario” lo que realmente resulto una baja, la FUBA combativa “de la Revolución Boliviana” nos llame, en vez de a las calles -lo que al parecer no se ve posibilitada de hacer- a firmar petitorios o plebiscitos que, desfachatadamente, pone más tarde explícitamente como garantía para un plan de lucha del cuál la última cuota es el voto a su partido de turno (mientras la Franja gana la FUA); Resulta despreciable indicar que toda democratización de la UBA que se pida al Gobierno, tanto nacional, de la Ciudad, como la Universidad misma que nos ajustan es un Fantoche y una pérdida de tiempo y que tal medida sólo se garantiza acabando con los claustros en la forja de la unidad docente-no docente-estudiantil y el co-gobierno tripartito (mientras la Franja gana la FUA); No es más que repudiable que sentenciemos de muerte toda improvisación democrática “permanente” o “interclaustros” mientras tenga por detentores y organizadores a un CEFyL de castas y a los partidos que se lo disputan y rapiñan, tildándolas de inservibles mientras no acabemos con el gremialismo oficial y construyamos uno de las bases, sin dirigente ni dirigidos (mientras la Franja gana la FUA); No tiene sentido alguno, por último y por habérseme acabado la saliva, denunciar que el PTS, con sus colosales proyectos de construir enormes Bloques pro-obreros, anti-imperialistas, auto-organizados, internacionalistas, cuarta-internacionalistas también, anti-burocraticos, combativos, pro-nueva reformistas y revolucionarios si es que no dejamos nada en el tintero, no puede apenas, respetar los espacios que construimos quienes ponemos el pecho a la lucha y se lanza a arrebatarnos, cuál niño que esconde las manos sucias a su travesura, la mesa y lugar renegándolo penosa y cobardemente, aludiendo a provocaciones infantiles referidas a muy dudosos episodios, igualmente lamentables, con otros partidos “de izquierda” (mientras la Franja gana la FUA).

Somos, compañeros, y hemos de aceptarlo so-pena de entregarnos a la incoherencia más impune, paladines del divisionismo y arteras arpías que no hacemos más que verle la quinta pata al gato, de una forma impiadosa y envidiosa.

La UE, uniendo por las costuras

Estoy muy de acuerdo con el argumento que varios de los sectores de la “izquierda” esbozan para explicar la falta de unidad de que se les acusa muchas veces: Hay desacuerdos programáticos; y es verdad puesto que una unidad sin acuerdo político de fondo no sería más que una bomba de tiempo, cargada de intrigas y desatinos, deforme en su misma concepción, esperando a detonar.

La unidad debe ser parida por acuerdos concretos y eso es lo que debemos buscar. Desde la UE no le hemos hecho ningún asco a las convocatorias, siempre que nos parecieron correctas, de “la izquierda” y contando y todo con su profundo ofendimiento con nosotros. Hemos marchado numerosas veces por consignas por ella levantada y con las que acordamos y otras tantas planteando las nuestras propias (como en la última movilización del 21).

Ahora, la unidad, supuesta al nivel que se nos pide, es una construcción que necesita de mayores pautas de acuerdo y no existe, según nosotros, unidad alguna que no se funde sobre el crisol del estudiantado y su posición específica; que no parta del lugar donde se halla y el que queremos que ocupe, interviniendo libremente y levantando las banderas de una educación de todos, por todos y para todos...

Los partidos, al parecer, olvidan esto porque conciben la unidad como una gran obra de teatro donde el estudiantado es el público que, en mayor o menor medida dependiendo del estreno a presentarse, acude al acto, y los partidos son los actores de siempre que reparten más o menos conscientemente sus papeles de aquella vanguardia teatral impotente que impone los menesteres de la lucha desde lo lejos y desde la altura escenográfica, haciendo lo mejor posible para ganarse los aplausos (siempre distantes y heroizantes) de aquella chusma enardecida en las tribunas.

Nuestra unidad no es con los partidos y hacia el estudiantado sino que y en ultima instancia, al revés.

Nosotros forjamos la unidad con el estudiantado y de allí concebimos las distintas alianzas y acuerdos posibles con los partidos, agrupaciones y tendencias intervinientes en la facultad y la universidad y es que de otra forma nos recluiríamos al idealismo más abstracto, perdiendo la referencia del objetivo. Somos un gremio estudiantil que, necesariamente tiene una tendencia -desde que tenemos un conjunto de principios- propia (a saber, el asamblearismo combativo), no un brazo partidario en el estudiantado o una tendencia ideológica en el estudiantado. Es muy importante marcar esto.

Esta unidad es la que forja al Campo estudiantil, entendiendo a este como a un Movimiento la otra es la unidad de cúpulas que se disputan, siquiera al estudiantado puesto que no es una posta, sino que a las superestructuras desde las que se le llama a abnegarse y luchar.

Lo que se vive entre los partidos y agrupaciones de “izquierda” es un típico caso de “fetichización de la mercancía” nos diría el viejo alemán si estuviera hoy presente, viendo en lo que resultó su ideario. El elenco actoral de la “izquierda” no lucha por construir un Movimiento Estudiantil, sino que por ganarse sus “cúpulas”, pero unas cúpulas, que sin el edificio que las sostienen, se derrumban y destruyen necesariamente por la acción persistente del tiempo o la acción de verdaderos dueños...

Como insinúo, evidentemente y cuál nos lo demuestran los ataques de histeria y pánico que una vez por año invaden a la “izquierda”, las cúpulas deterioradas de que se hace ésta cada vez que puede, al costo de sus miles de volantes, carteles e interminables pasadas por las cursadas, no le pertenecen, sino que lo hacen al edifició deteriorado del estudiantado que, como es lógico, primero debe refaccionar los cimientos y suelos, las paredes y techos para luego dedicarse a las cúpulas, pero de abajo hacia arriba, haciendo de esta un adorno subordinado a la asamblea federada. ¿Cómo? Con mandatos de base, revocabilidad inmediata y democracia directa, con Centros organizados, de abajo hacia arriba, a partir de las asambleas por comisión y no de la mentira anual electoral.

La “izquierda” por ende y además, se arranca los ojos una vez por año (momento en que olvida toda unidad que no sea la electoral) por un espacio donde no se halla ni tiene interés de hallarse el estudiantado: resulta entonces, una apologista de la división y sectarismo que ni siquiera debemos indicar desde la UE puesto que, aunque lo acuse en nosotros, le ha sido indicado por la gran mayoría del estudiantado que, o bien la ignora, o bien se siente una y otra vez decepcionado por sus piruetas payasezcas a la vez que poco serias.

Debemos dar la lucha donde esta el estudiantado, en la construcción de los cimientos de un nuevo Movimiento Estudiantil, que no es más que el producto de su integración y participación, cosa de lo que cada vez se halla más lejos el viejo gremialismo oficial legado por la Franja (y aún capitalizado por ella, en el ámbito nacional). Debemos reconstruir los cimientos del Movimiento Estudiantil pero sobre las necesidades concretas que hoy le aquejan, se ha venido veleteando una barcaza podrida armada por la Franja y los intereses concomitantes del estudiantado de principios de siglo: Esto no da para más. Tomemos el escenario por asalto, pongamos al estudiantado al centro del asunto: Esa es la consigna de nuestra UE...

 

¿Cómo construye la UE?

Se ha planteado deshinibidamente de toda certeza o lectura y compresión de nuestro ideario y principios, que la UE es divisionista, pero no sólo esto, sino además que nuestro “asamblearismo” es espúreo por poco pragmático a la hora de combatir por nuestros intereses, que nuestro “Ni Dirigentes, Ni Dirigidos” es insulso por la existencia de cargos de responsabilidad en nuestra estructura gremial y hasta que nos podemos constituirnos o llamarnos como gremio (y por ende tampoco actuar como tal) por no tener el apaño de los más de 10 mil estudiantes de Filo o de las decenas de miles en la UBA...

Bueno, tomemos aire. Tengamos en cuenta contar hasta diez y fumarnos un pucho y ahora sí, es menester curar de cabezadurez, desfachatez, ignorancia, facilismo y total falta de originalidad a nuestros detractores.

1.- No es falaz, sino que un aborto a la historia y todas las carreras desde las cuáles, de una forma u otra la repasamos, que el asamblearismo es anti-práctico -lo que nos suena más a las lecciones de cocina de algún programa televisivo que a los medios mismos con que el estudiantado y el pueblo mismo se han hecho lugar en la historia-.

Aquí no hablamos de harina y leche, hablamos de nuestra educación y de que país queremos, por lo que cambiemos el sentido del debate: no se trata de cuán práctico, sino de cuán funcional o no es a nuestros objetivos. Más práctico para los intereses enajenados que indicáramos de “la izquierda” puede ser, directamente, alquilar algún teatro o miniestadio o al mismo cobijo de algún aula, cerrar las puertas y decidir que pasa con el mismo mundo (lo cuál no le asegura ni un ápice el problema de la concreción de sus objetivos... aunque le sería mucho más corto y dinámico).

El Asamblearismo, en este caso un incoloro y desvirtuado por el mismo punto del cuál parte, por otro lado, es el método obligado de todas las iniciativas de “la izquierda”. De no ser así, porqué acaso deben recurrir a la convocatoria y organización constante de “asambleas por carreras”, “asambleas permanentes” o a las asambleas mismas inter-claustros, podrían directamente gritarle al estudiantado desde las cúpulas de los Centros de Estudiantes y la FUBA (montados a sus fotocopiadoras y bares) sus quehaceres y esperar complacidos a que este cumpla su rol; pero los compañeros saben que vivimos bajo la forma capitalista, que nos impone la democracia representativa y a sus reglas, por lo que si bien el asamblearismo es un método “anti-práctico” es menester lanzar unos guiños y dejar lugar a la intervención, una espejismica por supuesto, del estudiantado en ciertas, muy pocas (las menos posibles), de las cuestiones estilísticas de la decisión ya elucubrada por los “aparatos”.

Es que con esos guiños que actúan cuál halago a la masa ignorante de alumnos que aún se dignan a osar intervenir en “nuestras” decisiones, nos ganamos su favor electoral y aseguramos el próximo puesto de exclusión desde el cuál mandarle.

Es mentira que el asamblearismo haya sido o sea una elemento “anti-práctico” si concebimos esto último como el servicio que presta a nuestros objetivos e intereses. No es acaso, para cada plan de lucha por presupuesto, becas, en contra de la policialización, contra las materias filtro en el CBC, por un cambio de contenidos y la intervención del estudiantado en la elección de los mismos, por la mismísima democratización de la Universidad, entre otro tantos otros, ultra-necesario e indispensable, la participación masiva del estudiantado, para imponerlos a un Gobierno Nacional, de la Ciudad y Universitario mismo que bregan por menos presupuesto para la educación y más pago al FMI, por la privatización, por los filtros, por la suba de tarifas de los servicios, inflación, restitución de contratos y perdones de deudas a todas las empresas que hoy nos escatimas sus deberes comprometidos (y financiados con nuestros impuestos) al Estado, mientras que se nos priva de boleto único de transporte a $0,05, de becas o de aumento salarial a los docentes.

Evidentemente es necesario que los estudiantes, masivamente intervengan en la lucha por todo esto, como lo es necesario que lo hagan, codo a codo, los docentes y no docentes universitarios y demás sectores de la educación. Pero si esto es así, como podemos acaso, divorciar de su participación en la lucha su decisión al respecto de la misma. Después se nos plantea que el estudiantado es inconsciente, pero a la hora de debatir y decidir se le priva de espacios de intervención o se le brindan desde los de la exclusión -únicos que se mantienen constantes y al pie del cañón, uno que no apunta precisamente en favor del estudiantado-, lo que repetimos: ES LO MISMO.

Esta cuestión de ponerse en víctima de lo que nos predisponemos a hacer es harto-insoportable. Se revientan militando por conseguir el voto y apaño del estudiantado, llenándose de luchas la boca (para hacer un buche y escupirlas más tarde) pero a la hora de salir a los pingos acusan en este una inconsciencia que ellos, como activistas “conscientes” y “combativos” no logran formar. Es cuál la campaña mediática que hoy lanza el gobierno cuando sentencia, simplísticamente, que el principal problema de la educación en la Argentina es la falta de ganas y compromiso por parte del alumnado y profesorado en las distintas instancias, lo que es análogo a lo de la falta de una cultura del trabajo por lo cuál estamos como estamos (¡Aplazos para todo el ministerio de educación, columnistas y analístas periodísticos en todas las materias humanísticas!)

Pero es que además, si realmente fuera como se nos dice: una cuestión de motivación, habría que hacer tabla rasa con todos ellos, puesto que no sirven para nada y nuestra primer medida de Estado debiera ser contratar algunos payasos o poner porristas que ante cada parcial o cursada nos lancen urras y motiven (sería, de cualquier forma, más eficiente de lo que hoy hacen).

Hay una falta de autocrítica total en estos muchachos y muchachas de la “izquierda” que nos llama “divisionistas” y ahora además “anti-prácticos”. Para ellos, que el estudiantado este desmovilizado y ellos sean parte de sus referencias políticas no es necesariamente relacionable. Apuestan a una transmisión telequinética o por osmosis tal vez, de su compromiso y abnegación militante, no tiene nada que ver con delirantes construcciones de espacios de confluencia, integración y participación directas y permanentes (lo que necesariamente pone en tela de juicio a los actuales Centros de Estudiantes oficiales mismos). Es el simple y rústico, en realidad, te convenzo y vos hacés.

¿Cómo se nos puede llamar “anti-practicos”, en el sentido específico de la palabra a quienes buscamos multiplicar el caudal práctico de la universidad, desenquistando la decisión para abrirla a la libre intervención ilimitada, de todos y cada uno y masificando, por resultado, la puesta en práctica de sus conclusiones? Es uno de esos traumas que sólo la psicología podrá alguna tarde de diván arrancar de las mentes de esta “izquierda” oficial y oficiosa.

El asamblearismo desde esta concepción última, es lo más práctico, a la vez que lo más funcional a nuestros intereses como estudiantes, en el camino de la formación de nuestro Movimiento; es, por otro lado, el método histórico al que ha recurrido siempre el estudiantado, los trabajadores y el pueblo en general ante la necesidad de salir y hacerse sentir, osea, en cada uno de los momentos en donde fue necesario tomar decisiones importantes, ¿Cómo no vamos a usar este método entonces, para las decisiones no-importantes, o menos importantes desde la perspectiva general?

2.- ¿Quiere decir, compañeros, si concebimos la innecesidad de la existencia de dirigentes y por ello mismo de dirigidos, que renunciaremos a la necesidad de la división de tareas según las aptitudes y necesidad? (a ver a coro) NOOO!!! (la “izquierda” quedo a trasmano contestando, montada a una fotocopiadora que SI). Es en realidad todo lo contrario. Justamente porque concebimos que podemos abarcar y satisfacer nuestras necesidades como Movimiento, entre todos es que lo que realmente impulsamos es una mayor división de tareas y trabajos y por una cuestión cuantitativa bastante evidente: por que mientras más seamos más divisibles son.

El debate de fondo aquí, compañeros, es si esta división meramente pragmática y que se enlista dentro de los confines de las leyes del tiempo y el espacio -que nos impiden estar en dos o más lugares al mismo tiempo- impedirá intervenir, políticamente, a los compañeros en cualquier área de la organización de que dispongamos para satisfacer nuestras necesidades (la “izquierda” continúa, insistente, afirmando que sí lo hará). Nosotros decimos que no tiene ni debe por qué hacerlo y esto es porque subordinamos, bajo estos términos, el objeto al sujeto.

Veamos, los partidos y agrupaciones oficiosas militan por las fotocopiadoras, los bares y ahora el comedor, usando la boleta electoral que representa al estudiantado como medio de obtenerlas. Nosotros subordinamos tales herramientas a los intereses del estudiantado y ponemos la práctica en función de la decisión, al contrario de lo que nos indican los compañeros. Ellos conciben que dividir tareas implica jerarquías por que subordinan la decisión (una que sólo una minoría esta capacitada de lograr) a la práctica (que la mayoría debe fortalecer) y no visualizan una integración política del movimiento estudiantil; nosotros apostamos a un estudiantado que, organizado en los distintos espacios para afrontar con sus quehaceres, se desenvuelva a su vez por los ámbitos centrales de decisión (la asamblea por cursada) que regirán su movimiento de abajo hacia arriba.

No vemos tal entuerto que confunde y desvela a nuestra “izquierda” electoral; en realidad es muy simple: tal división del trabajo es un producto natural de la concientización del estudiantado, lo que no se logra más que creando los ámbitos constantes de decisión en donde este pueda intervenir, fomentando e impulsando a su participación, destruyendo las jerarquías y monopolios que le coartan en su desenvoltura.

Defendemos mezquinamente el trocito de tierra propio (condenándonos a una economía más que de subsistencia de pronta inexistencia) o la colectivizamos y garantizamos el excedente y supervivencia: tal es la contradicción.

Tales divisiones del trabajo, cuál las entendemos, más que su contrario, son la condición de la democratización directa que planteamos del Movimiento Estudiantil.

3.- Es incoherente y un sin razón, por otro lado, el planteo inocuo de la totalidad del estudiantado porque la esencia misma de un gremio es la parcialidad desde que representa a un sector específico y no a la totalidad del espacio en el cuál se referencia.

Este carácter específico del gremio, tal cuál se concibe históricamente, no quiere decir en ningún momento, al contrario, que en su raíz no este la pretensión de volverse de la totalidad: pero justamente es un proceso de crecimiento, como la semilla al árbol mismo.

Lo único que es de la totalidad es lo ya aceptado o impuesto por toda o a toda ella. Los Centros y Federaciones oficiales, por ejemplo, están impuestos a la totalidad estudiantil puesto que no son reconocidos -aceptados- por ellos y sin embargo se arrogan el monopolio de su representación (y así lo disponen con la representación en el co-gobierno que ellos mismos combates ¡¿?!).

Desde la UE construimos, SÍ lo hacemos porque no esta hecho (más que suene redundante, créanme, al nivel de la gente que nos interpela al parecer es necesario) un gremialismo con Sin Dirigentes, Ni Dirigentes, con Democracia Directa Estudiantil, Asambleario y Combativo; un gremialismo que crece día a día en las cursadas y recorre los pasillos de las facultades, que busca volverse una herramienta nacional de expresión y lucha y que, necesariamente, deberá superar primero sus condiciones de minoría y debilidad actuales entre las fuerzas estudiantiles y el estudiantado mismo.

¿Hablamos por el estudiantado? Con esta intriga se avanza hoy, en la criminalización de la protesta contra los piqueteros por lo que se vuelve fundamental darle una respuesta contundente: No, claro que no hablamos, concretamente por cada uno de los estudiantes pero sí buscamos hacerlo en la generalidad ya que no hay lucha que podamos dar si no es, primeramente, apuntando a la problemática de todo el Movimiento (que es la que se oculta detrás de las de cada uno) y por segundo, por que dependemos de la mayor intervención política y práctica posible de éste, para la obtención de nuestras reivindicaciones. En este sentido, apuntamos a hablar por el estudiantado, lo que sólo lograremos impulsándolo, con la certeza de nuestras prácticas y planteos a integrarse en esta lucha; invitándolo, más correctamente, a hablar junto a nosotros, por sí mismo.

La UE es la suma abstracta de nuestras intensiones y anhelos particulares, lo que se construye fundiéndonos en un debate y práctica que les den un mismo cauce: en este sentido nos referimos a nuestra “representación”, que se abstrae del carácter particular-excluyente, para volverse sobre uno general e incluyente como ya hemos explicado más arriba, producto de todos y cada uno.

 

El cuerpo de delegados

Hay una diferencia grosera pero muchas veces mal identificada entre punto de partida y de llegada o entre principios y objetivos.

La UE busca la construcción de un gremialismo disidente, fundamentado sobre las bases, como venimos indicando, de la democracia directa y el Asamblearismo Combativo. Esto indica la necesidad de conformar los espacios a través de los cuales vayamos sobrellevando, con la cantidad, la calidad del proyecto, osea, la adaptación de nuestros principios de fondo a nuestros fines inmediatos.

Es fundamental la construcción, bajo los objetivos de construir un gremialismo con Democracia Directa, de un fuerte cuerpo de delegados con Asambleas por Cursada y mandatos de base que sean sus cimientos y espacios principales de decisión. Esto, sin embargo, no implica que hoy mismo podamos aplicar su construcción, lo que no se desdice, ni un momento, de nuestros principios.

Los principios, como construcciones generales e ideales que son, tienen formas de pragmatización concretas en cada momento. No es la misma, bajo el objetivo de vestirme ante los indicadores del clima, la ropa que usaré ante le verano que ante el invierno...

Como decíamos antes la nuestra es una construcción por lo que hay que empezar de lo más simple a lo más compuesto.

Nos proponemos, en última instancia, construir una Universidad Pública, Laica, Libre, Gratuita y Anti-Elitista, lo cuál no se halla encontrado con nuestras luchas actuales, por ejemplo, por becas bajo control estudiantil, puesto que va en el mismo camino. En el caso de los cuerpos de delegados, tanto igual, que breguemos por ellos no quiere decir, necesariamente que estemos en condiciones de ponerlos en función aunque sí que echemos las semillas para cosecharlos. Trabajamos por un cuerpo de delegados en Filosofía y Letras y por reproducir este método por toda la UBA, sin embargo hoy su expresión concreta resultan las Asamblea centrales por sede, integrables libremente, con voz y voto a mano alzada, para todo compañero que acuerde con nuestros principios.

No podemos, desde el cuerpo de delegados, construir el gremio por lo que antes decíamos. El cuerpo de delegados resulta un fin en sí mismo por el nivel de aceptación que requiere y la aceptación no es más que la generalización, al menos en cierta medida y ámbito, de un acuerdo político. Si no queremos descomponer este proyecto en algún nuevo engendro de “Asamblea Permanente” o “Interfacultades” que no de dos pasos sin tropezar, debemos darle consistencia volviéndolo un espacio resolutivo real, lo que sólo se logra contraponiéndolo (no a los Centros de Estudiantes) sino que a las jerarquías de las cuales representa el antagónico. Si las jerarquías se hallan dentro del Movimiento Estudiantil mismo, en sus Centros y Federaciones, dichos cuerpos y expresiones masivas del estudiantado hallarán un dique y se pondrán en contradicción con este o bien para ser contenidas y amansadas, o bien para superarlo, vencerlo y seguir su curso.

La cuestión de fondo en esto, en la que evidentemente hay que bregar por el sano desborde que encauce los anhelos y decisiones de un movimiento estudiantil disgregado, es que mientras el dique para el avance del caudal se halle dentro mismo del Movimiento Estudiantil poca agua llegara a los todavía mucho más altos y grandes que nos imponen los Gobiernos pro-ajustadores y anti-educativos: estaremos, en este terreno, vencidos de antemano.

Para avanzar en la construcción de los cuerpos de delegados es fundamental acabar con esa dialéctica negativa que impide a estos tomar un carácter permanente y real. Debemos apuntar a que sean herramientas ordinarias y no extraordinarias de organización, los pilares de un nuevo Movimiento Estudiantil. Tal es nuestro compromiso

 

Asamblearios y Combativos

Como veníamos resaltando, no sólo nos declaramos, en contra de todo “divisionismo, anti-practicismo o sectarismo”, asamblearios sino que además y por ello mismo nos referenciamos combativos. Es que poco sentido tendría una cosa sin la otra, puesto que bajo un sistema gubernamental que desde el ámbito nacional al universitario apunta a impedir nuestro derecho a intervenir (lo cuál se reproduce en nuestro Movimiento Estudiantil mismo), que se fundamenta sobre las formas de una jerarquía inexpugnable y que nos educa en las materias de una democracia (cuál lo hace hoy con las de la inseguridad o el anti-piqueterismo) en la que, desde la desocupación, pobreza, hambre e ignorancia se nos pide elegir a quienes nos privarán nuevamente del derecho a elegir ¡¿?!, no terminando nunca por educar al pueblo en las artes de gobernar (por no estar este posibilitado de hacerlo), lo que es un monopolio de pocos y resultará necesariamente y por correspondencia en una elección maltrecha y muchas veces en contra de sus mismos intereses.

¡¿Cómo podríamos aplicar, sino es por medio de la lucha, tales formas asamblearias ante tanto escollo y enemigo de nuestra integración para la elección pero del día a día?!

Por otro lado, en la desarticulación del conjunto de factores con que apuntan a anular nuestra intermitente “oportunidad electoral” (les agradecemos por dejárnosla...) ¿Cómo podríamos actuar si no es bajo el principio de ser combativos, ante la decisión deliberadamente en contra de nuestros intereses a través de la que engordan, de nuestros padecimientos, los suyos propios? Ante formas de organización que se fundamentan sobre el principio de la privación, debemos imponer el principio de la integración, y ante los intereses privatorios sobre los cuales levantan su monopolio político y económico, debemos imponer nuestra lucha.

¿Que otro camino que la lucha podemos usar, por otro lado, bajo el sistema jerárquico del monopolio de las decisiones? Evidentemente no los medios de nos privan nuestros detractores, pues no los tenemos. Debemos construir formas que, por un lado, masifiquen la intervención y por otro, nos den la fuerza para imponer (más que suene redundante) a sus imposiciones anti-educativas y anti-populares, las formas y los contenidos de una universidad y un país distinto que está sólo en quienes los forjamos día a día...

 

Matías - UEfyl

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